Quería compartir contigo una anécdota que me ocurrió hace unos años al empezar a administrar una sala de cine.
Cuando llegué, noté que había varios bombillos quemados en el lobby. Le comenté esto al administrador, y él me dijo que esa semana iría a comprar algunos. Entonces le pregunté con qué frecuencia solían cambiar los bombillos, y justo en ese momento otro se quemó. Me respondió que casi todas las semanas tenían que hacerlo.
Le pregunté por qué no compraban bombillos de mayor duración, y me explicó que eran muy «caros».
Decidí entonces comprar esos bombillos de mayor duración y hacer que cambiaran todos los del lobby. Poco tiempo después, tuve que dejar la administración de esa sala por motivos de rentabilidad y trasladar al personal a otra sala.
Antes de irme, le pedí al encargado que bajara todos los bombillos nuevos y “caros” de alta duración para llevarlos a la nueva sala, donde estuvieron funcionando durante los siguientes 8 años.
La experiencia me enseñó que siempre lo que parece más «caro» es lo más conveniente. A veces, lo «barato» puede salir más caro a largo plazo porque no cumple con la misma calidad o durabilidad.
¡Espero que esta historia te sea útil!


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